martes, 25 de agosto de 2009

Serie Vampiros Mackenzie

1. ÉXTASIS

Blythe nace en el año 2310, en una época en que casi todo, incluida la vida, es indestructible. La esperanza de vida es tan alta que la gente acaba aburrida de la vida y la mayoría padecen graves depresiones. Blythe trabaja para la empresa Ecstasy, que se encarga de mejorar el estado emocional de las personas. Se dedica a leer los sentimientos de los clientes (es una telépata emocional) y les consigue lo que necesitan para ser felices, pero la empresa tiene una regla de oro: no utilizar jamás el sexo para conseguirlo. En su último caso, traspasó esta frontera y, como castigo, su director la exilió a un pequeño pueblo de Wyoming.

Para demostrarle a su jefe que es capaz de hacer bien su trabajo, acepta un nuevo encargo que la lleva a viajar no solo en el espacio sino también en el tiempo: al castillo Mackenzie en Escocia, en el año 1785. Allí deberá hacer feliz al amo del castillo, Darach Mackenzie, un atractivo y peligroso vampiro; pero para conseguirlo, no podrá utilizar el sexo o será definitivamente despedida.

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2. MUÉRDEME

Cindy Harper tiene un sabor de helado para cada emoción. Pero ningún dulce de su congelador es suficientemente suave, cremoso o tentador como sus secretas fantasías sobre el asombroso y varonil alfa Thrain Davis. Éste es un hombre del cual disfrutar de la manera más primitiva. Cada mujer que le ve sonreír se pregunta por los placeres que esa boca puede hacerle gozar.

Demasiado tarde se da cuenta de los peligros de invitar a un antiguo vampiro a su casa. La obliga a estudiar su pasado cuando está perfectamente contenta con su presente. Sin embargo, también tiene sus ventajas. ¿Quién necesita helado cuando tiene a un ardiente y delicioso misterioso inmortal en su cama?.

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3. EL SABOR DE LA OSCURIDAD

¿Había vivido mil años para esto? Reinn Mackenzie era un vampiro resentido con su especie. Hombres lobo, hombres gato... Reinn los odiaba a todos, ya fuera por su auténtica pesadez o por el movimiento astuto de sus bigotes. Pero lo que odiaba por encima de todo era su trabajo: «guardíán de la sangre», menuda estupidez.

El consejo de los Mackenzie -en una muestra más de su infinita pedantería- le había ordenado proteger la pureza de la saga del clan. ¿Qué pureza? Si no eran más que un puñado de chupadores de sangre, ¡por el amor de Dios! Además, ¿cómo iba a aniquilar a un miembro de su estirpe por emparejarse con alguien que no lo fuera, si la simple visión de una gatita le ponía a cien? Y si esa gatita se llamaba Kisa Evans, le era imposible dejar de pensar en otra cosa que no fuera la peligrosa fantasía de liberar a la bestia que llevaba dentro...

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